Ella murió y su Facebook sigue vivo

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    Ella murió y su Facebook sigue vivo
    Getty Images

    Recuerdo que sus ojos verdes llamaron mi atención, brillaban de forma especial. Encontré valor para pedirle que fuera mi novia y lo hice durante un receso, creo que entre la clase de matemáticas y la de ética. Estábamos sentados en una banca y cuando me dijo que sí tomé su mano, y aunque sudaba, ni ella ni yo soltamos nuestras manos hasta que sonó el timbre que marcaba el regreso a clase. En esa época la música para bailar en las fiestas era de Los Hombres G y Mijares era quien interpretaba los temas románticos de moda.

    Cuando terminamos la inocente y efímera relación (habrá durado menos de un mes) yo escuchaba las canciones de Mijares como si tuviera el corazón destrozado. El presumir a mis 16 años que era “víctima de desamores” me hacía sentir maduro y todo un hombre, !como veía en las películas de Pedro Infante que ponían en la TV!

    El hecho es que mi vida y la de Laura se separaron, tomamos caminos distintos y nunca volvimos a interesarnos en continuar esa “relación”. La verdad es que fuimos casi niños jugando a ser mayores.

    Pasaron algunas décadas y Facebook llegó al mundo. Como todos, empezamos a conectar con gente de nuestro pasado y Laura y yo habremos intercambiado algún mensaje, nada importante.

    Nuestra interacción fue mínima, un par de felicitaciones por cumpleaños, dos o tres comentarios en alguna foto y ya. No más. No fue relevante nuestro “reencuentro” hasta que un día llegó su cumpleaños en Agosto del 2011; alguien la felicitó y escribió en su muro algo que no recuerdo exactamente pero decía palabras más, palabras menos: te vamos a extrañar, te mando besos hasta el cielo. En ese momento lo efímero que puede ser Facebook tomó relevancia para mí, indagué y descubrí que Laura había fallecido por una complicación a la hora de parto, estaba a punto de dar vida y la perdió. No solo ella, también su bebé.

    Irónicamente lo último que escribió Laura en su página fue: “Felicidades a todas las que son mamis...o que están en el proceso...Dios las bendiga siempre...”

    Hoy su cuenta sigue activa, muestra que vive en Monterrey, México, y que está en una relación. Hasta la fecha me llama la atención ver cómo hay gente que durante su cumpleaños le sigue escribiendo para felicitarla y !no sabe que se murió hace 3 años!

    Uno de los mensajes dice: “Laura muchas felicidades! A ver si nos vemos pronto. Un abrazo”. Otra felicitación aparece en su muro incluso con una tarjeta electrónica: “Espero hayas tenido un dia (sic) muy bonito. Te mando muchos xoxoxo”.

    ¿Cuánta gente tiene en Facebook “amigos” con los que no interactúa y lleva años sin hablar, ver o al menos intercambiar un mensaje directo? Creo que es más común de lo que pensamos. En lugar de hacer una limpia en la lista de “amigos” creo que la lección que nos da el caso de Laura es que hay que dedicarle un tiempo a cada uno de ellos, dejar de ser impersonal y verlos cara a cara, tocarlos, abrazarlos o llamarles por teléfono. En caso contrario pueden pasar años para percatarnos que nuestro “amigo” ha muerto.

    Facebook ofrece cerrar la cuenta de un usuario fallecido y para eso hay que hacer una solicitud.

    La opción que tiene la empresa es transformar el perfil del usuario fallecido en una página conmemorativa para que sus amigos escriban un mensaje especial.

    A partir de enero, de acuerdo con el Wall Street Journal, por una ley promulgada en el estado de Delaware, en esa entidad se podrá acceder a la información en redes sociales de las personas fallecidas. Esta es una facultad que podrían ejercer los herederos.

    No es que tener amigos por esa red limite o dañe la amistad, por el contrario, creo que ofrece ventajas, yo me he beneficiado especialmente de ellas al haber vivido en varias ciudades y países. Facebook me permite seguir en contacto con mucha gente que estimo y no solo ha sido parte de mi pasado sino que es de mi presente. Pero lo tengo muy claro, hay que tener contacto directo con cada uno para mantener la relación. Carlos, un querido compadre, me ha dado una lección: él llama cada domingo a 6 amigos diferentes y así mantiene contacto con todos.

    El escribirte hoy de Laura me ha hecho pensar en ella y en la voz de mi mamá gritándome por la casa: “¡ya llevas más de una hora en el teléfono, cuelga que le van a hablar a tu papá!” Las conversaciones telefónicas que Laura y yo teníamos eran infinitas, fue un “noviazgo” por teléfono. No había Facebook, Twitter, Snapchat ni mensajes de texto, simplemente hablábamos horas y horas por el teléfono porque para vernos estaba la escuela; para salir bailábamos al ritmo de Los Hombres G y cuando nos tocábamos... nos tomábamos de la mano que siempre, siempre, estaba sudada.